Identidad divina: Quién eres en Cristo

Tu espíritu se une al Espíritu de Dios para confirmar que eres Su hijo, como dice Romanos 8:16. El diablo busca robar esta verdad, confundiendo a muchos con identidades falsas. Pero en Jesús, descubrimos nuestra verdadera naturaleza, nuestro propósito divino y la libertad que proviene de conocer a nuestro Padre celestial.

Identidad revelada: Hijos de DIOS

Hoy, muchas personas, especialmente jóvenes y adolescentes, se pierden en identidades que el enemigo ha sembrado en sus mentes. Algunos se creen animales, otros confunden su género, o eligen unirse a objetos inanimados. Es absurdo cómo el diablo ha aprovechado nuestro tiempo para tergiversar la verdad y confundir a miles. Pero Dios nos creó a Su imagen, a Su semejanza; hombre y mujer los creó (Génesis 1:27). Él no nos creo que para luego decidieramos quiénes seríamos, sino que nos hizo conforme a Su esencia, con Su identidad, no la que un mundo antibíblico enseña distorsionando la mente de quienes se alimentan de su basura.

Tu respuesta en cristo

Si no sabes quién eres, ve a Cristo, Él te enseñará. Si estás confundido, Él aclarará tus pensamientos. Si el mundo te ha destruido, Él te restaurará. Si has perdido tu identidad, ve a Cristo; Él pagó un precio muy alto por ti. A Él le perteneces y al único al que debes trabajar en parecerte cada día es a Jesús, para llegar a la estatura del varón perfecto (Efesios 4:13). Deja que Su amor te envuelva y Su verdad ilumine tu camino hacia una vida con propósito.

La historia del hijo pródigo

En la historia del hijo pródigo, el padre tenía dos hijos. Uno de ellos reclamó su herencia, se fue de casa y gastó todo en los placeres del mundo, hasta quedarse en la más profunda pobreza, comiendo lo que los cerdos comían. Cuando se dio cuenta de sus errores, dijo: "Regresaré a la casa de mi padre; tal vez él tenga misericordia y me deje vivir allí y trabajar como uno de sus jornaleros." Allí, él había perdido su identidad, porque siendo hijo se consideraba un esclavo. Volvió a la casa de su padre y, aún desde lejos, su padre lo vio y se llenó de gozo. Ordenó una fiesta, preparó la mejor comida, le puso las mejores ropas y un anillo en su dedo, diciendo: "Debemos celebrar porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ahora ha sido encontrado" (Lucas 15:11).

"Me gustaría que se despertara el deseo por descubrir la verdadera identidad que es Jesús, que conocieran la verdad para así ser completamente libres."

Una verdad que nos sella como hijos y herederos de Su promesa.