Toma tu cruz y sígueme

«El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí» (Mateo 10:37-38). Seguir a Cristo implica vaciarnos de nosotros mismos para que Él viva plenamente en nosotros. Hemos pasado de muerte a vida: ya no vivimos nosotros, sino que Cristo vive en nosotros; las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas por el poder de su Espíritu.

Perder la vida para encontrar la verdadera plenitud

Jesús nos enseña en Mateo 10:39: «El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará». ¿De qué serviría vivir a nuestro propio antojo complaciendo los deseos de la carne y tomando el camino fácil, si esa aparente satisfacción conduce a la muerte espiritual? Al rendirnos a Cristo, lo que en verdad perdemos es la tristeza, el dolor, la vergüenza, la ira, los celos y las contiendas. Dejamos de ser esclavos del pecado para heredar la dicha eterna de conocer a Jesús, pues no nos avergonzamos del evangelio, porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree.

Esperanza, consuelo y vida en abundancia

Seguir a Cristo es la mejor decisión que puedes tomar en la vida. Él es la esperanza viva de este mundo y la prueba de que el gozo auténtico sí existe. Dios no te llama a caminar en soledad ni en incertidumbre; Él desea darte una vida en abundancia y nos ha dejado a nuestro consolador, abogado defensor y fiel ayudador: el glorioso Espíritu Santo, quien renueva tus fuerzas y trae medicina a tu alma día tras día.

Oremos juntos entregando todo a Él

Te invitamos a abrir tu corazón y hacer esta oración: «Señor Jesús, por mucho tiempo he preferido vivir mi vida a mi manera pensando que es lo mejor para mí, quizás por temor al compromiso y a someterme a ti. Hoy me arrepiento y confieso delante de ti mi pecado; reconozco que nada puedo hacer sin ti. He comprendido que entregarte todo y permitir que gobiernes mi vida es mi verdadero gozo, lo que me llevará a hallar la vida que busqué en lugares equivocados. Tú eres mi lugar seguro. Me entrego a ti en cuerpo, alma y espíritu, y te invito a que vivas en mí y a través de mí. En el nombre de Jesús, amén».